Carla Planas es Jefa de proyectos en Nubilum. Trabaja, entre otros, con el Centro de Documentación de la Sagrada Familia.

¿Cuántas historias familiares se pierden en el tiempo porque no se les da importancia? ¿Cuántos relatos, aparentemente pequeños, podrían llenar un capítulo de nuestra historia?

En el ámbito de la gestión documental para archivos, bibliotecas y museos, a menudo hablamos de la digitalización. Pero, en realidad, hablamos de algo más profundo: de dar accesibilidad a una fuente de conocimiento y transformar estas pequeñas historias en relatos documentados y, por lo tanto, en conocimiento.

Este es un caso real, un relato familiar, de aquellos que, con ternura, nos cuentan los abuelos y las abuelas y a los que a menudo no otorgamos la importancia que merecen.

La historia de Mariano Barceló, picapedrero de la Sagrada Familia

Mi abuelo murió cuando yo era muy pequeña y no conservo recuerdos suyos. Mi abuela, en cambio, vivió hasta los 94 años. Llegó al barrio de la Sagrada Familia con 16 años, recién terminada la Guerra Civil. Allí conoció a mi abuelo —eran vecinos—, se casó y construyó su familia.

Era una mujer de carácter, marcada por el contexto de su época: cabeza de familia, con fortalezas y contradicciones. Y si había una historia que le gustaba especialmente contar era la de su suegro, mi bisabuelo, a quien no llegó a conocer porque murió en noviembre de 1926.

Explicaba, con orgullo, que había sido picapedrero de la Sagrada Familia y que había servido de modelo a Antoni Gaudí para el Cristo crucificado que hoy se encuentra en el baldaquino de la basílica. Incluso había intentado, en varias ocasiones, obtener más información contactando con el mosén de la basílica.

A pesar de mi formación en historia del arte y mi trayectoria en el ámbito de la documentación, durante años esta historia quedó en un segundo plano. No fue hasta que, a nivel profesional, me acerqué a la Sagrada Familia y decidí intentar investigarla con más profundidad.

La investigación no fue fácil, no aspiraba a encontrar gran cosa, más que un listado de trabajadores. Consulté algunas hemerotecas, inicié la reconstrucción del árbol genealógico y finalmente contacté con el Centro de Documentación de la Sagrada Familia para saber si se conservaba información sobre los trabajadores de aquella época. Desgraciadamente, durante la Guerra Civil se incendió el taller de Gaudí, provocando la pérdida de gran parte de la documentación, dejando muchos interrogantes abiertos.

Durante mucho tiempo, esta fue una historia incompleta. Hasta que un día la compartí en la oficina.


El hallazgo documental que lo cambia todo

En pocas horas, un compañero del equipo de I+D de Nubilum localizó en el Arxiu de Revistes Catalanes Antigues (ARCA) un obituario dedicado a Mariano Barceló, mi bisabuelo, publicado en El propagador de la Devoción de San José (págs. 376-377). Este era el boletín de la Asociación Espiritual de Devotos de San José, la encargada de promover la construcción del templo de la Sagrada Familia.

Aquel documento, de una extensión y detalle poco habituales para un trabajador, aportaba información clave: su rol dentro del taller, rasgos personales y, sobre todo, la confirmación de que había servido de modelo a Gaudí para el Cristo crucificado.

Según el propio Centro de Documentación de la Sagrada Familia, se trata de un caso excepcional. No era habitual que se publicaran obituarios de este tipo sobre trabajadores.  

A partir de aquel momento, la historia dejó de ser una anécdota familiar para convertirse en un relato documentado.

Mariano Barceló haciendo de modelo para Antoni Gaudí Fotografía publicada por La Gaseta de les Arts el 1 de julio de 1926, pág. 5


La importancia de los archivos accesibles al público

Esto es lo que hacen posible los archivos cuando son accesibles: conectar piezas dispersas, dar contexto y transformar recuerdos en conocimiento. Pero no se trata solo de digitalizar documentos.

Sin herramientas de búsqueda eficientes —sin poder buscar nombres, palabras o conceptos—, esta información sigue siendo, en gran parte, invisible. En este caso, la posibilidad de localizar un nombre concreto en una publicación histórica fue determinante para encontrar la pieza clave que faltaba. Detrás de cada documento hay vidas, oficios e historias que nos ayudan a entender mejor nuestro pasado. Y es precisamente aquí donde la gestión documental cobra sentido:

  • Hacer accesible la información
  • Garantizar que sea recuperable
  • Convertirla en conocimiento útil para la sociedad

Porque preservar es esencial, pero hacer posible la consulta y la reutilización del conocimiento es lo que realmente genera valor.

Estoy convencida de que, si mi abuela estuviera hoy aquí, sería la persona más feliz del mundo.  

Para más información sobre la historia podéis consultar el blog y el YouTube del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia

Sagrada Familia
Fotografia: Carla Planas